Un home madur i malalt, professor de literatura medieval, ha fet revisió de la seva vida i ha decidit, entre dubtes, què és el que li interessa deixar als demés quan hagi desaparegut. Una herència en forma d'assaig, basada en "El llibre de l'Amic i de l'Amat" de Llull, que ha insertat a la memòria del seu ordinador personal. Una batalla. On són els vencedors, on són els vençuts |
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FITXA TÈCNICA DIRECCIÓ I PRODUCCIÓ |
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JAUME CLARÀ
JOSEP MARIA POU FANNY ROSA M. SARDÀ PERE ROURE MARIO GAS DAVID VILA DAVID SELVAS ALBA IRENE MONTALÀ |
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FOTOS
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DOSSIER DE PREMSA AMIC / AMAT El ritmo narrativo, denso e inusualmente intenso (para los tiempos que corren), hace olvidar la convención del rosario de coincidencias sobre las que se articula el relato: Una planificación sin ornamentos inútiles, una emotiva banda sonora de Carles Cases (en la línea sinfónica del Georges Delerue de L'important c'est d'aimer, otro título posible para esta película) y, por encima de todo, un quinteto de interpretaciones superlativas hacen de Amic/Amat la mejor película de Ventura Pons y una de las más hermosas y "adultas" del cine español. Los dos ases de Amic/Amat son, indiscutiblemente, esa pareja de monstruos de la escena formada por Josep Maria Pou y Rosa Maria Sardá. Josep Maria Pou, en el papel del homosexual maduro que busca asirse desesperadamente a la vida, está impresionante, casi un cruce entre Erland Josephson y Philippe Noiret: Demasiado tiempo malgastado, cinematográficamente, en personajes secundarios, el trabajo de Pou es una "recuperación" por todo lo alto, que puede valerle todos los premios del año, igualado en voltaje por Rosa Maria Sardá, igualmente inmensa reteniendo todo su dolor bajo una capa de constante jovialidad. Mario Gas, en su retorno a las pantallas, sirve con absoluta justeza el difícil rol de un hombre cuyo mundo salta por los aires en pocas horas, y en el apartado de fulgurantes confirmaciones resplandecen la fiereza de David Selvas y la sinceridad de Irene Montalà. No se la pierdan. Marcos Ordóñez
Pons vuelve a un texto teatral de Benet i Jornet, que el dramaturgo ha reescrito con el director para su puesta en imágenes, añadiendo dos personajes femeninos a los tres protagonistas masculinos de la función, sin que el original remozado pierda sentido ni intensidad. Una vez más estamos ante una historia de sentimientos e ideas, en las que se barajan descarnadamente, pero con suma elegancia y con un extremo amor por el idioma -anímense y vayan a verla en catalán, que no les va a pasar nada- temas universales, como el sentimiento amoroso, la proximidad de la muerte, la decadencia física, el paso del tiempo, la búsqueda desde el presente de un sentido a los hechos del pasado, la peternidad, la ambición, las mentiras internas que hacen las veces de muletas de la superviciencia, el verdadero sentido del sexo, el afecto que se gana con el tiempo y que oculta la ausencia del amor, la trascendencia, la remota posibilidad de la herencia en su sentido más esencial, y un larguísimo etcétera. Porque Amigo/Amado, ya lo habrán adevertido, es una película densa, con escasas transiciones, eso sí, de gran belleza y concisión, en donde no se pierde el tiempo y se va siempre al grano, Una película triste, serena, lúcida y, también, arriesgada, porque se atreve a jugar con la importancia, e incluso la exageración, del azar, de las casualidades, de la acumulación de hechos significativos en un breve lapso de tiempo. Como si estuviéramos en el teatro y, precisamente porque estamos en el teatro, ya que Ventura Pons está empeñado en conservar la esencia teatral en una textura puramente cinematográfica y sin renunciar a ninguna de las características escénicas de un texto que tiene su origen en la técnica teatral. Ni que decir tiene, que lo consigue. Amigo/Amado está planificada con extraordinario buen gusto y funcionalidad, dando al césar lo que es del césar. Es decir, otrogando el protagonismo a sus cinco actores -seis, con la breve escena de Jordi Dauder-, conscientes de que son ellos los que viven el guión, quienes dan veracidad y vida a los muy ricos personajes salidos de la pluma de Benet i Jornet. Josep Maria Pou, ese gran actor al que llevamos admirando desde hace casi treinta años -¡aquellas Tres hermanas de José Luis Alonso!-, y al que sus maravillosas caracterizaciones en Actrices, La hora de los valientes y Los años bárbaros, no han sido suficientes para que le nominemos este año a los Goya -uno de los flagrantes olvidados de la historia de este premio-, lleva todo el peso de esta película admirable. Está sencillamente inmenso. Su trabajo es riquísimo, matizado en cada mirada, cada cambio de actitud física, cada gesto. Rosa María Sardá, Mario Gas, Irene Montalá y David Selvas se lo ponen muy fácil porque le dan réplica a su mismo nivel. Cinco actores geniales para una gran película Fernando Méndez-Leite
A. Bermejo.
El resultado es un filme a la vez callado y estremecedor, en el que Pons demuestra su glorioso impudor a la hora de hablar de los sentimientos -de los más importantes, de los que parece banal hablar a buena parte del cine de hoy mismo: del amor, homosexual o no; de la dependencia afectiva, de las herencias recibidas, de la forma en que vemos a quienes ya no tienen nuestra edad-, y en el que Sardà y Selvas, tienen por fin unos personajes redondos, bien construidos, plausibles, a los que agarrarse y a los que sacar un gran partido. En el que la desorientación del personaje que interpreta Mario Gas encuentra en el actor -un pelín por debajo de sus partenaires, no obstante- una complicidad notable. Y en el que por fin Josep M. Pou ha hallado no ya una ocasión de lucimiento personal, sino sencillamente el papel de su vida: en la hondura de su oficio, en su portentoso saber estar ante la cámara; en su reconcentrado y nada efectista talento obtiene Pons la baza más firme para mantener en pie el sólido edificio -teatral; pero también vital, humano -construido por el sabio Benet i Jornet. Milito Torreiro
"Una maravillosa y terrible obra maestra." Antonio Grasset.
-"La intensidad de los sentimientos sugeridos alcanza un nivel inmenso." E. Rodríguez Marchante.
Sergi Sánchez.
Quim Casas
Antonio Weinrichter.
Jordi Batlle Caminal. |
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