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Ventura Pons, Barcelona, 1945, es el director de cine con mayor éxito
comercial y de crítica de Cataluña. Su único mérito es haber producido una
docena de películas en lengua catalana durante un periodo en el que la
producción en España en general (y Barcelona en particular) se ha visto
sometida a una fuerte presión por parte de la industria americana. En la
actualidad, Pons mantiene un ritmo creativo similar al de Woody Allen y al
igual que éste, se ha hecho acreedor del calificativo de "autor". Pons
produce sus propias películas a través de su propia empresa de producción
Els Films de la Rambla, fundada en 1985 y firma los guiones de sus obras
con algunos de los mejores y más conocidos autores y dramaturgos de
Cataluña. Inteligente y extrovertido, marcado por su pasión por la cultura
catalana, el teatro y la narrativa minimalista, el cine de Pons es
sorprendentemente variado. Su obra abarca desde el documental realista
"Ocaña" hasta narraciones intimistas como "El perquè de tot plegat" y
comedias como "Què t'hi jugues MariPili?". Pons se da a conocer en Gran
Bretaña con el estreno comercial de "Carícies" (aunque su anterior película
"Actrius" había sido exhibida en el Festival de Cine de Londres) y después
de la retrospectiva que le dedica el ICA, nos enseña cómo hacer películas
en un país pequeño y se revela como una de los grandes directores europeos.
Esta combinación de éxito de público y crítica ya se produce en su primer
largometraje Ocaña (1977), considerada la película más rentable que se haya
filmado nunca en Cataluña, sigue siendo una película de culto en el
circuito de los festivales de cine. El subtítulo de la película es "retrato
intermitente" y Pons combina los sobrios planos interiores, donde el joven
artista andaluz narra como huyó de las provincias del Sur para llegar a las
grandes ciudades del norte, con exteriores lúdicos como cuando Ocaña
desfila travestido por las Ramblas para el júbilo (o disgusto) de los
transeúntes o improvisa recitales en los bares, calles e incluso
cementerios de la capital catalana. La película es más compleja de lo que
pueda parecer a primera vista. Ocaña es un conmovedor testamento de una
época de agitación cultural y provocación sexual que tuvo lugar en España
inmediatamente después de la muerte de Franco. Y en su retrato de un hombre
gay que reivindica su masculinidad incluso cuando se viste de mujer (el
desnudo de Ocaña en un Festival organizado por el partido comunista), la
película anticipa los futuros debates sobre la identidad gay y la
construcción de las distintas identidades sexuales que no se desarrollaron
hasta mucho tiempo más tarde.
Al mismo tiempo que una paradoja de la hispanidad y los tópicos hispánicos
(las imitaciones que Ocaña hace de las cantantes folklóricas), Ocaña es
también un temprano ejemplo del amor que el autor siente por al narrativa y
la técnica minimalistas. Con este monólogo "intermitente" acerca del amor,
la muerte, el arte y el travestismo, Ocaña será el primero de los muchos
héroes obsesivos que Pons retratará en sus películas, personajes que no
saben o no quieren distinguir entre el teatro y la vida real.
Después de esta aportación a la historia de la vida sexual de los españoles
(que complementó con un documental sobre el Front d'Alliberament Gai de
Catalunya), Pons se enfrentó con serias dificultades al buscar financiación
para futuros proyectos y se refugió en el teatro, campo en el que gozaba de
una considerable experiencia. A mediados de 1980, empezó a filmar las
populares comedias a las que él se refiere como "la trilogía del lumpen",
rastreando las más recónditas profundidades de la vida catalana y
arremetiendo contra sus instituciones favoritas: la iglesia y el mundo de
los negocios. Aunque de apariencia trivial, estas películas también
reflejan las tensiones sociales de Cataluña en una epóca de cambios
políticos y económicos vertiginosos. Cuando rodó "Què t'hi jugues Mari Pili"
en 1990, Pons era un maestro consumado en el genero de la comedia urbana.
La carrera de Pons da un nuevo giro en 1994 con "El perquè de tot plegat",
un "fresco minimalista" de quince episodios basados en relatos de Quim
Monzó, uno de los escritores más respetados de Cataluña. Cada una de estas
micro-narraciones nos habla de las eternas verdades de las relaciones
humanas. Desde "Inteligencia" y "Sumisión" a "Celos" y "Deseo". En el
episodio "Amor", la "chica Almodóvar" y belleza cubista Rossy de Palma, da
vida a una estricta bibliotecaria que pierde a su amante cuando finalmente
se atreve a corresponderle en sus apasionadas declaraciones. Pons utiliza
los distintos episodios, alternativamente cómicos y tristes para ofrecer
una antología de técnicas cinematográficas. Algunos episodios están
narrados directamente a la cámara en un primer plano, otros son relatadors
por una voz externa, a través de un dialogo e incluso por teléfono. Tanto
el trabajo de cámara como el montaje también están sutilmente modulados,
con largos planos ininterrumpidos alternando con tomas rápidas. Un desafío
formal. "El perquè de tot plegat" fue el mayor éxito internacional de Pons,
ganó el premio Nacional de Cinematografía de la Generalitat y estuvo seis
meses en cartelera en París.
"El Perquè de tot plegat " revela la habilidad de Pons para la dirección de
actores, una característica que se hará más obvia todavía en su siguiente
película "Actrius" (1996). En "Actrius", una joven estudiante de teatro
entrevista a tres grandes actrices acerca de su relación con una gran dama
del teatro Catalán. La joven hablará alternativamente con una diva
internacional, una estrella de la televisión regional y una profesional del
doblaje, descubriendo las riquezas y miserias del teatro, con, lo que su
reportaje se convierte- como tantas veces en la obra de Pons- en una
metáfora sobre la vida misma. La película ha sido frecuentemente comparada
con "Eva al desnudo", por su tratamiento del tema del conflicto
intergeneracional. En mi opinión, quizás se encuentre más cerca deRashomon:
(reconstruye la misma trágica historia desde tres puntos de vista
distintos). Una vez más nos encontramos con una narración minimalista (el
nudo argumental gira entorno a tres confesiones hechas a la cámara) que al
mismo tiempo es un elegante y austero ejemplo de técnicas cinematográficas
y nos ofrece unas interpretaciones extraordianrias. El argumento juega
asutamente con el conocimiento que el público español tiene de las
actrices. Por ejemplo, Núria Espert, ha alcanzado en la vida real niveles
de éxito y reconocimiento similares a los de la diva que interpreta en la
pantalla y Rosa Mª Sardá interpreta a una comediante rica y acomodada pero
frustrada que (como Sardá en la vida real) ha perdido demasiado tiempo
haciendo el payaso en telecomedias de dudosa calidad. La teatralidad de
"Actrius", guión adaptado a partir de una obra del dramaturgo catalán Benet
i Jornet no es en modo alguno negativa. Al contrario los resultados
obtenidos en la película nos muestran un refrescante respeto por el dialogo
y por los intérpretes, que colaboran activamente con el director en la
construcción de la película.
"Carícies," la posterior película de Pons, gozó de un inesperado éxito de
taquilla en España. En "Carícies" se dan la mano la narrativa minimalista
de "El perquè de tot plegat" y las interpretaciones contenidas de "Actrius"
y volvemos a encontrar algunos extraordinarios actores. La película
transcurre en una ciudad anónima, de noche y encadena una sucesión de once
historias que se relacionan entre ellas, todas centradas en las distintas
relaciones que se establecen entre dos figuras: hombre y mujer, madre e
hija, hermano y hermana, prostituta y cliente, madre e hijo. Con una
estructura similar a la de La Ronda (con uno de los componentes de cada
pareja repitiendo en la siguiente), los distintos protagonistas de
"Carícies" tienen en común la búsqueda del amor en un mundo de crueldad y
alienación, una búsqueda que siempre se verá frustrada. Francamente
erótica, "Carícies" es la película de Pons que tiene mayor interés desde un
punto de vista gay, recreandose en esa felación entre el hombre maduro y un
chico de alquiler y el ambiguo baño que comparten un padre y su hijo
adolescente. Una vez más, Pons se inspira en una obra de teatro (en esta
ocasión en una obra de Sergi Belbel), conservando las características
claustrofóbicas del original, lo que la convierte en una experiencia
cinematográfica tan intensa como insólita. En la escena final de la
película, Rosa Mª Sardá experimenta finalmente esas tiernas "caricias" que
todos han buscado desesperadamente.
La siguiente película de Pons, "Amic Amat", está integramente rodada en
Barcelona. "Amic Amat" se basa en la obra de teatro "Testament" de Benet i
Jornet. La obra original es un dialogo a dos voces entre un hombre maduro
y un chico de alquiler y una vez más, el argumento ha sido modificado por
Pons para reflejar de modo más amplio la vida de las grandes ciudades
catalanas. En el mismo momento que el cine español opta por la más vulgar
de las comedias (la película Torrente es el mayor éxito nacional de
taquilla), Pons es un caso aparte en su convicción de que el cine puede ser
sutil y culto. Aunque no pueda desafiar el dominio comercial de Madrid (que
en la actualidad es el tercer centro de producción de Europa después de
Londres y París), la visión de Barcelona que ofrece en sus películas
sugiere que los catalanes pueden continuar siendo los portavoces de la
innovación artística de la península ibérica.
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Paul Julian Smith
Retrospectiva ICA
(Institute of Contemporary Arts),
Londres. |
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FILMANDO LA ESCENA CATALANA
"Soy muy Barcelona, del mismo modo que Woody Allen es muy Manhattan. Es lo
que yo soy y donde vivo. Una película siempre tiene que comunicar algo
sobre tu microcosmos. El mío es Cataluña. Por eso hago mis películas en
catalán. Si se hace con honestidad, tiene el poder de ser universal. Llegué
al teatro por accidente. Estaba escribiendo sobre cine y fui a recoger a un
amigo mio que estaba ensayando en un teatro de la ciudad. Entré a formar
parte del reparto de la producción y me enganché. De modo que abandoné la
crítica cinematográfica y me dediqué a trabajar en el teatro. Fue haciendo
teatro que aprendí a trabajar con actores. En general es un método de
trabajo más relajado y tienes tiempo de probar cosas. El teatro es una
cuestión de actores y el cine es una cuestión de directores. El teatro
encajaba en mi forma de trabajar con los actores y me enseñó acerca del
espacio. Su influencia todavía se hace sentir en mí" (Ventura Pons, 1998)
La creciente visibilidad de la cultura Catalana durante los últimos
veintitres años, es el legado de la regeneración de la identidad nacional
de la región después del desmantelamiento sistemático de su infraestructura
cultural a que estuvo sometida durante la dictadura del General Francisco
Franco. En el campo de las artes visuales, escénicas y cinematográficas,
surgió una generación de profesionales que cuestionaron la validez de los
discursos oficiales, dispusieron estrategias para la resistencia en los
últimos años de una dictadura agonizante y rindieron homenaje a la lengua y
la cultura catalanas que habían sido brutalmente reprimidas en aras del
unidad nacional. Los exponentes teatrales de esta corriente inconformista
son los que gozan de mayor popularidad en Gran Bretaña: grupos como Els
Joglars y Comediants han actuado en Inglaterra en numerosas ocasiones y sus
espectaculos eclécticos e irreverentes, que combinan la recuperación de
tradiciones culturales del pasado y la fusión de nuevos discursos
artísticos, han contribuido a situar Cataluña en la vanguardia de la
innovación cultural europea.
Ventura Pons se inicia como director de teatro en ese clima de indisciplina
artística, a final de los años sesenta, trabajando con una amplia gama de
actores y diseñadores que revisaban el lenguaje teatral en su audaz
búsqueda de textos y utilización del espacio. Aunque Vicente Aranda y
Joaquín Jorda, coetáneos de Pons, pertenecieron a la Escuela de Barcelona
-un grupo de jóvenes directores que se dieron a conocer a mediados de los
años sesenta a través de sus intentos de lograr un lenguaje cinematográfico
más creativo- Pons no dirigió su primera película, Ocaña, Retrat
Intermitent hasta 1977, al igual que Bigas Luna, que trabajó como
diseñador artístico y fotografo antes de dirigir su primer largometraje
Tatuaje en 1976. El trabajo cinematográfico de Pons se sitúa en los
primeros años alocados y hedonistas de la nueva democracia. Ambos
directores han explorado los hábitos sexuales y sociales de la burguesía
catalana, la cultura y el folklore de la región, gastronomía, deseo, celos
y obsesión. A diferencia de Bigas Luna y muchos otros directores de la
Escuela de Barcelona, como Aranda y Gonzalo Suárez, que escogieron trabajar
en castellano, Pons ha sido siempre fiel al entorno catalán,
estableciéndose en la ciudad cuyo paisaje, cultura, lengua y energía han
sido el sello distintivo de toda su obra.
Como sucede con las películas Boom Boom de Rosa Vergés (1990) y Costa Brava
de Marta Balletbó-Coll (1996), la obra de Pons desprende un tono alegre e
irreverente en el que abundan el exceso y la exuberancia, hablando desde el
punto de vista teatral. Mientras que el cine Catalán en los primeros años
después de la muerte de Franco parecía tender a ocupar terrenos que
desembocaba en la tradición documentalista ejemplificada por Francesc
Bellmunt en Canet Rock (1976) o temas históricos como La ciutat cremada de
Antoni Ribas (1976), la película Ocaña de Ventura Pons fue conscientemente
representativa en su cuestionamiento de la estabilidad de las categorías de
género. En la interacción entre ficción y realidad, el espectador debe
evaluar repetidamente las distintas formas en que la historia- tanto
política como personal- es registrada y documentada desde un determinado
punto de vista ideológico. Durante los años 80 y 90, mientras sus
contemporáneos se dedicaban de preferencia a las adaptaciones literarias,
thrillers e intensos melodramas domésticos, Pons escoge dedicarse a la
comedia, disfrutando de un considerable éxito a nivel regional y
trabajando, como Francesc Bellmunt, dentro de la tradición de la comedia
negra. Funda su propia productora, Els Films de la Rambla y da a luz una
serie de comedias desenfadadas, descaradas y esperpénticas, trabajando con
un equipo fijo de actores (Amparo Moreno, Lloll Beltrán, Ángel Burgos). De
esta epóca son las historias de: un secuestro chapucero "Puta
Misèria" (1989), cortejos frenéticos "Què t'hi jugues, MariPili" (1990),
ensayos tormentosos "Rosita please" (1993), o la celebración a destiempo de
una noche de verano "Aquesta nit o mai" (1991). Seductoras,
maravillosamente barrocas y perversamente coloridas, a pesar de su
proximidad a las excéntricas propuestas de Almodóvar, no encontraron
distribuidor fuera de Cataluña. A mediados de 1990, la trayectoria de Pons
toma una dirección bien distinta. Los tonos alegres y chillones son
sustituidos por un tono más sombrío, que oscila entre la comedia negra y
la narrativa intimista. La existencia de una nueva generación de cineastas
catalanes como Isabel Coixet, José Luis Guerin y Marc Richa sitúa el
enfoque del cine catalán lejos de la comedia costumbrista exhibicionista.
En una epóca en que los escritores, arquitectos, directores, diseñadores y
actores catalanes gozan de una popularidad internacional en alza, Pons se
basa en las historias cortas del escritor Quim Monzó para la que será su
octava película "El perquè de tot plegat" (1994). Pons arma un guión de
quince viñetas a partir de las historias de Monzó y nos ofrece una fábula
moral contemporánea de la era postmoderna. Una vez más, el reparto está
formado por actores de teatro como Lluis Homar, Pere Ponce y Anna Lizarán,
pero la presencia de actores conocidos por su trabajo cinematográfico como
Silvia Munt y "la chica Almodóvar" Rossy de Palma, ayudan a conseguir una
mayor distribución y exhibición de la película. Igual que su reciente obra
"Carícies" (1979),una fragmentada y ambigua historia de pérdidas,
desencuentros y deseos frustrados, la película está filmada con un estilo
visual sobrio y directo.
Tanto en "Carícies" como en la película que la precede "Actrius" (1996),
Pons se remite a obras de teatro catalanas para sus guiones. Ambas obras
están escritas por dramaturgos que escriben en catalán. "Actrices" está
basada en la obra ER de Josep Maria Benet y Jornet, un apasionante
melodrama de rivalidad personal y profesional cuyo peso recae en las
interpretaciones de cuatro grandes actrices de teatro (Núria Espert, Rosa
Maria Sardá, Anna Lizarán y Mercé Pons). Carícies es el resultado de la
adaptación que Sergio Bailable hizo de La Ronda de Arthur Schnitzler para
poder situar la acción en los tensos, frágiles y malhumorados años 90. En
la obra, el autor cuestiona y disecciona distintos estereotipos de las
tradiciones catalanas y españolas mediante un juego de referencias que le
sirve para situar Carícies dentro del contexto de los discursos, exigencias
y energía de la era postmoderna. Carícies nos muestra distintos rituales de
ternura y lascivia, trascendiendo su origen teatral sin ocultar el mismo.
Como toda la obra de Pons, Carícies nos ofrece un riguroso examen de las
negociaciones de la identidad en situaciones de crisis social y cultural.
La Barcelona de Pons es al mismo tiempo absolutamente real y gloriosamente
ficticia. Negándose a dejarse etiquetar o encajar en categorías
preestablecidas, la obra de Pons es deudora de su capacidad de reinvención,
que se nutre tanto de textos literarios de alta calidad como de la
subcultura más popular de su ciudad natal. Con Amic/Amat (1998), Pons
vuelve a trabajar sobre un texto de Benet y Jornet, en esta ocasión un
trabajo posterior, "Testament", que se estrenó en 1996. Una vez más, Pons
disecciona la intimidad de sus personajes con un reparto que incluye al
actor-director Mario Gas y la camaleónica Rosa Mª Sardá, poniendo a prueba
su habilidad para dirigir actores y lograr interpretaciones que van desde
la más extrema fragilidad hasta la máxima dureza. Moviéndose entre el
exceso barroco y el minimalismo más austero, Pons se reinventa y nos ofrece
un cine inteligente que celebra y fusiona elementos propios de la escena y
del lenguaje cinematográfico.
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María Delgado
Retrospectiva ICA (Institute of Contemporary Arts),
Londres. |
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Ventura Pons realiza un brillante ejercicio narrativo.
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Ll. Bonet
La Vanguardia |
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Pons hace un gesto muy modernista y, al unísono, muy clásico.
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Antonio Weinrichter. Cinemania |
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Pons sabe dosificar el humor ácido que destilan unos personajes
siempre situados al lado del precipicio... Las piezas encajan
con una perfección diabólica.
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Esteve Riambau. Avui |
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Pons, un cineasta capaz de visualizar el concierto emocional
de esta sociedad nuestra tan caótica.
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J.Batlle Caminal. Guia del Ocio |
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Por segunda vez, tras la impactante Carícies, Ventura Pons
vuelve a adaptar un texto teatral de Sergi Belbel, si bien-como
ha venido demostrando en sus últimas películas- la base
literaria es sólo un punto de partida para desarrollar sus
propias estructura fílmicas. En el caso de Morir o no, Ventura
Pons da un paso adelante más, puesto que vincula directamente
el propio lenguaje, los propios código, más allá del uso
del blanco y negro y del color, a las propuestas que el
mismo crea a partir de las reflexiones de Belbel. Los casos
de muerte (o de vida) que expone la cinta se ordenan en
el tiempo y se plasman desde perspectivas opuestas: a la
negrura y realismo trágico del primer recorrido se opone
el optimismo y el humor del segundo, al encadenamiento de
episodios aislados de la primera parte, sucede un relato
lineal y coordinado. Incluso la interpretación, los encuadres,
la música, etc... son prácticamente contrarias entre una
parte y otra. Más allá de las consideraciones de Ventura
Pons en torno a una "segunda oportunidad", referencia ya
presente en la elucubración del personaje del director de
cine, el film opera rigurosamente sobre un conjunto de mediocridades
y frustraciones cotidianas -desde el drogadicto a ese par
de antológicas madres, una dominada por la histeria y la
educación de su hija, la otra atrapada entre el Agua del
Carmen y El anís del mono-, mostrando un mosaico de soledades
y mezquindades tan terrible como reconocible. La segunda
mitad, rica en connotaciones, asume su propia irrealidad,
aportando datos muy interesantes para enriquecer la sordidez
de la primera parte y proponiendo unas soluciones irónicas
o solidarias que subrayan, en una construcción de extraño
palíndromo dado el orden de las secuencias y acontecimientos,
el decisivo papel del azar en unas existencias acuciadas
por las carencias. El resultado de tan arriesgado ejercicio
es enormemente sugestivo, puesto que Ventura Pons ha dejado
muchas puertas abiertas a la participación y complicidad
(o no) del espectador. A modo de prestidigitador, que manipula,
y al mismo tiempo, revela las claves de sus trucos y apariencias,
Ventura Pons nos propone una mirada ácida y compleja de
la condición humana, en la línea de sus últimos films y,
sobre todo de la citada Carícies. Con la complicidad también
de los técnicos y de unos excelentes actores (Lluis Homar,
Sergi López, Francesc Orella, Marc Martínez etc.) y actrices
(Carme Elías, Anna Lizarán, Vicky Peña, Mercé Pons, etc...).
Por último, puesto que se cita al principio de la cinta
el cine de Frank Capra, me parece pertinente señalar las
coincidencias -a la inversa- que este film de Ventura Pons
tiene con el famoso !Qué bello es vivir!: lo que allí era
una pesadilla ficticia es aquí patente realidad, mientras
que la falseada y edulcorada crónica de lo cotidiano en
el resto del film de Capra se convierte aquí en esa especie
de coda idealizada que es la segunda parte: sin duda, el
film de Ventura Pons apuesta con mucha más sensatez por
la vida, pero no deja de tener presente el negro panorama
de lo cotidiano, donde la presencia de la muerte, casi siempre
estúpida, adquiere un relevante peso. Como dijo aquel "al
nacer, al hombre se le concede un sólo derecho: la facultad
de elegir su muerte; pero si esta elección está regida por
el hastío de su vida, entonces su existencia no habrá sido
más que una pura burla"
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A. Llorens
Cartelera Túria |
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Ventura Pons insiste en sus últimas y acertadas indagaciones
cinematográficas alrededor del azar y los sentimientos.
"Morir (o no)" toma como sustento un texto de Sergi Belbel
y elige para su puesta en escena una textura dramatica impregnada
de blancos y negros y unas fórmulas de planificación aparentemente
improvisadas: planos raudos, manuales , a golpe de instinto
o de repentino interés .... un esquema lejano y cercano
al Dogma. El último cine de Ventura Pons mira y admira mucho
a sus intérpretes, apuesta por ellos y, a cambio, recibe
sus bendiciones. Un equipo genial de actores volcados, aquí
en una causa común: remover los interiores del espectador,
con gracia, con ternura, con patetismo y con lucidez trágica.
Pons encontró hace unas cuántas películas su camino, y lo
sigue.
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A.R
ABC |
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Nadie se atrevería a cuestionar que Ventura Pons se encuentra
en el mejor momento de su carrera. Tras Amigo/Amado, vuelve
a adaptar un texto teatral de Sergi Belbel -a quien también
había acudido en Carícias - con resultados francamente espléndidos.
La película se inicia en blanco y negro, con un look que
evoca un tanto el Losey de los 60, con el diálogo entre
un director de cine en crisis y su esposa. La historia que
le explica como base para un futuro film (un joven motorista
sufre un accidente contra un coche de la policía municipal)
se mezclará, luego, con las de la pareja de agentes que
conducen el vehículo de un drogadicto con síndrome de abstinencia,
de una madre cuya hija se ahoga mientras come, de una mujer
alcohólica, de un profesor que se ha roto la pierna al caer
por unas escaleras y de un hombre de negocios amenazado
de muerte por un sicario. Estos episodios (que se resuelven,
todos, con una muerte) dan un giro inesperado cuando la
película, tras pasarse al color, propone una conclusión
distinta de todos ellos al cambiar ligera pero decisivamente
el curso de los hechos. Lo que era tragedia se convierte
ahora en comedia y la esperanza se vislumbra entre los negros
nubarrones que enturbiaban la primera parte. Pons baraja
todos esos elementos con elegante maestría, saca (como es
habitual en él) el máximo partido de unos excelentes intérpretes
y consigue ofrecernos una propuesta cinematográfica tan
inteligente como brillante.
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Jorge de Cominges
Fotogramas |
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