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Filmografia
Ventura Pons
EL GRAN GATO   Línia negre
Vint-i-cinc anys després d’aquell "Ocaña, retrat intermitent", que va fer sortir els colors a les Rambles postfranquistes, Ventura Pons ha tornat al documental. El protagonista ja no és ara aquell pintor andalús que es passejava transvestit pels carrers de Barcelona sinó un músic argentí que, al ritme de la rumba catalana, va calar fondo en una ciutat que encara no era la dels prodigis institucionalitzats pels Jocs Olímpics. Tots dos eren immigrants i Pons arrodoneix el mosaic mestís i heterodox que els seus films configuren sobre la capital catalana amb aquest retrat d’un personatge ressucitat per la força de les imatges.

"El gran Gato! parteix de la memòria que supleix una absència. Prescindeix voluntàriament del material d’arxiu i, en tot el film, només hi apareix una única fotografia del músic argentí. El marc no podia ser un altre que l’anagrama del Zeleste i Pons substitueix tots dos elements amb la màgia del cinema...

(...) Discretament amagat darrere la càmera, Ventura Pons prefereix deixar de banda la seva relació personal amb Gato Pérez- autor de "La rossa del bar"- per convertir-se en el cronista d’un personatge i de la època que va viure. Si "Ocaña, retrat intermitent" era el retrat en brut i en directe, d’una eufòria reivindicativa, "El gran Gato" té un tarannà ben diferent. Darrere l’elegància de les seves imatges, àgils, astutes i només circumstancialment adscrites a l’actual revifalla del documental, hi batega la nostàlgia d’una epòca irrecuperable. Com bona part dels darrers films de Ventura Pons, aquest també parla de la mort i allò que el cineasta català qualifica de "musical documentat" s’erigeix en un gran recital antropològic que posa en solfa l’esperit d’un temps, d’un país.

Esteve Riambau
  Fletxa   AVUI
No lo dudo. Barcelona es una ciudad estupenda, pero en muchos aspectos dejó de serlo el día que murió Ocaña. Cuando Ventura Pons le filmó su "Retrat intermitent" no podía saberlo, pero aquel primer largometraje es ahora un testimonio parcial-aunque insustituible- de aquel fugaz momento de alegrías que también protagonizó Gato Pérez. Recuperarle ahora, a través de este testimonio de afinidades, corazonadas y música, permite cerrar el hueco que separaba el film de Ocaña de la muerte del pintor de ángeles. "El gran Gato" es también el testimonio de la perversión acelerada y la abundante mediocridad que han seguido. Con dos frases acertadas como el picotazo de una sierpe, Marcos Ordóñez lo rubrica; y Ventura Pons rehúye en el dosier de prensa toda tentación nostálgica. Entiendo que el cineasta rechace la melancolía, pero cuesta imaginar que alguna vez recuperemos tanta velocidad vital, tanta diferencia, tanta frondosidad. Y eso duele. Sería interesante conocer, sin embargo, cómo la misma ciudad responsable de aquella efervescencia, poco después se desbravó, aceptó que la desbravaran.

(...) Por suerte, a crónicas, grabados y fotos les ha sucedido el cine. Y Ventura Pons, una vez más, ha hecho otro fragmento del retrat intermitent de su ciudad, que es la gente de la ciudad.

Álex Gorina
  Fletxa   GUÍA DEL OCIO/BCN
El trabajo del cineasta consiste en seleccionar, ordenar y sentir ese material y en todo ello Ventura Pons se manifiesta como un maestro, pues no sólo logra desvelarnos perfiles humanos y artísticos del músico, sino que sabe transmitirnos el aliento vital de un tiempo y una generación para la que vivir era lo importante. Uno tras otro, los intérpretes elegidos por el cineasta (Ventura Pons renuncia conscientemente a los materiales de archivo y construye la película sobre la ausencia de Gato Pérez) llenan la sala con unas canciones plenas de belleza y encanto que combinan la alegría y el vitalismo de sus músicas con la melancolía que impregna muchas de sus letras, crónicas todas ellas de un modo de entender la vida desde la amistad, la tolerancia y la ausencia de barreras en la mente, pero sobre todo con ese frenesí -ese forzar la máquina- que distingue al que es consciente de que vida no hay más que una y sólo una oportunidad para vivirla.

Pedro Uris

 

  Fletxa   CARTELERA TURIA
Hace tiempo que Ventura Pons está haciendo un retrato no confesado de Barcelona a través de sus películas. A veces es muy evidente, otras está más escondido, pero en todo lo que ha rodado en los últimos diez años, la ciudad ocupa un lugar determinante. En este último trabajo de difícil clasificación (¿es un documental?, ¿es un musical?) es evidente que Barcelona es el centro espiritual, el alma máter de una biografía que es tanto la del Gato Pérez, como la de la ciudad que lo acogió y la generación de que formó parte. Pero si Barcelona está presente aunque no la veamos, el Gato lo está más aún sin necesidad de recurrir ni a fotos ni a imágenes de archivo, ni siquiera a sus discos. Tanto una como otro impregnan el film de tal manera que acabas con la sensación de conocer perfectamente al músico y su mundo sin salir prácticamente de un único local ....

Nuria Vidal

 

  Fletxa   FOTOGRAMAS
(...) Y es de las fuentes y entresijos de ese lenguaje de donde Ventura Pons arranca la materia que formaliza en "El Gran Gato", un documento delicioso y vivificador, porque la resurrección del Gato se percibe en la panalla como real, como suceso verídico, pues fueron muchos los sordos que, muerto él, dieron por temerariamente por muerta a su música. Pero esta muerte es desmentida de manera irrefutable por la cautivadora gracia y el desgarro irónico de las 15 canciones del Gato que, interpretadas por 15 colegas suyos, jalonan y vertebran las 15 secuencias por donde discurre el filme. Y éste se despliega con admirable sagacidad y un muy delicado equilibrio sobre un tempo en el que los vaivenes no son altibajos, sino suaves y elegantes escaladas hacia el desvelamiento del secreto encuentro entre unas músicas y una poesía en un paisaje urbano, el de la Barcelona en estado de mutación que envolvía el templo amable y canalla de la sala Zeleste, el que el Gato fue sacerdote.

Y evocan ese tiempo, esa poesía y esa encrucijada urbana barcelonesa, además de Sisa, Kiko Veneno, Clara Montes, Manel Joseph, Moncho, Benjamín Escoriza, Los Chichos, Los Manolos, Tonino Carotone, Sabor de Gracias, Martirio y Lucrecia, que cierra la galería con ecos de pura rumba cubana, y María del Mar Bonet, que hace prodigios de voz agitanada, y Luis Eduardo Aute que derrocha sorna y viejos aires de amistad con el gato muerto.

Los libérrimos y contagiosos, trepidantes y a veces canallas, escépticos e incluso pesimistas, pero siempre gozosos versos sonoros arrancados por Ventura Pons y los amigos y músicos que convoca de la filosofía de la taberna del Gato Pérez, se visten aquí con el esplendor de 15 lecturas muy variadas, cada una inimitable a su manera, lo que da a la música rescatada inesperadas sonoridades y angulaciones rítmicas, de manera que la sombra del Gato deja ver dentro de ella otros Gatos, una preciosa sucesión de las ondulaciones de la identidad de un no bien conocido, pero indispensable creador de músicas urbanas en el torbellino de la España de finales del siglo pasado, que sigue aquí, presente.

Ángel Fernández-Santos

 

  Fletxa   EL PAÍS
"El gran Gato" es un "biopic" disfrazado de documental, donde, rasgo singularísimo, el protagonista permanece tan invisible como Rebeca en "Rebeca". Ventura Pons ha optado por la omnipresencia del artista mediante el testimonio de amigos y familiares del desaparecido y quince de sus canciones interpretadas por otros tantos artistas, repartidas entre otros tantos artistas, repartidas entre los frondosos diálogos. El resultado, sumamente instructivo, es una inyección de vitalidad capaz de resucitar a un muerto (de hecho, ése es el felino objetivo).

Veamos: 1) Como documental sobre la Barcelona preolímpica y la posolímpica, la Barcelona del cambio, la asunción autosatisfecha del mestizaje y la catalanidad de la rumba; gente como Mariscal o Ramón Parellada ponen sus experiencias en dichos apartados al servicio del público. 2) Como comedia: el diálogo entre Carles Flavià y Sisa no tiene desperdicio; puede parecer frivolón, pero es significativo de un cierto talante barcelonés donde el "seny" i la "rauxa" se matrimonian y prometen fidelidad eterna. Y 3) Como musical. Ojos de Brujo, los Chichos, María del Mar Bonet, Martirio, Sisa, Sabor de Gràcia, Moncho, Luis Eduardo Aute, Benjamín Escoriza, Lucrecia, Kiko Veneno, Clara Montes, Tonino Carotone, Los Manolos y Manel Joseph nos brindan los quince homenajes gatunos desparramando poderío y felicidad.

En suma, una película con mucha fibra. Honesta, didáctica, salutífera, de sangre caliente. En la obra ponsiana, prolonga el acierto de su inicial "Ocaña, retrat intermitent" con un nuevo escáner de nuestra sociedad hecho a partir de otra figura emblemática que llegó a Barcelona para convulsionar, echar unas gotas de alegría y refortalecer nuestros músculos. De visión obligada para todo ciudadano culturalmente inquieto y, en lo musical, para quien estuviera esperando el perfecto antídoto contra "Operación Triunfo"

Jordi Batlle Caminal

 

  Fletxa   LA VANGUARDIA
Esta limpia y viva película devuelve a Ventura Pons a sus orígenes en Ocaña, retrato intermitente, película que inaugura la filmografía del director catalán y que fue filmada en los mismos años setenta en que Gato Pérez comenzaba a engancharse a las arrolladoras rumbas heredadas de la tradición de Pescadilla y Peret. Y estamos ante una nueva joya de orfebrería realista y documental que añadir a... otros muchos hermosos ejercicios de cine documento y de ficción documental que están elevando vertiginosamente el nivel del caudal de realidades soñadas que desde hace unos años enriquecen y ennoblecen al cine español.

Ángel Fernández-Santos

 

  Fletxa   EL PAÍS
"El Gran Gato" alcanza una hondura emocional y jocosa que, junto con las actuaciones musicales, convierte este documental en una pieza filmíca de gran envergadura.

Lluis Bonet Mojica
  Fletxa   LA VANGUARDIA
Emocionante, conmovedor, gozoso, iluminador este recuerdo a Gato Pérez desde sus canciones interpretadas por una quincena de músicos y los testimonios de amigos y familiares sabiamente orquestados por Ventura Pons, con mano invisible y mirada transparente a lo largo de toda la película, un documental musical como dice el propio autor.

Autor, sí, porque Ventura Pons sigue manteniendo su autoría, aunque haya aparcado momentáneamente el tipo de cine por el que es conocido, y que es aquél de sus inicios cuando rodó Ocaña, Retrato intermitente, de vuelta a la calle, el lugar preferido de Gato Pérez, como el del travestí Ocaña, para vivir y crear sus canciones, grandes canciones, muchas de ellas. La autoría de Pons se ve reflejada en la de este músico que encontró, allá por los 80, en la rumba catalana, las raíces, el sentimiento, con que identificarse y expresarse vital y artísticamente.

Anécdotas, comentarios de familiares, amigos (Sisa, Mariscal), críticos sobre la vida de este argentino llegado a Barcelona en los 60 hasta su muerte a los 40 años, en 1990, como decía en su canción este músico para quien dormir era un deber, "se fuerza la máquina, de noche y de día". El documento resalta también su talento como compositor, su capacidad visionaria (los excesos iban más allá de castigar su cuerpo), que anticipaba fusiones latinas y señalaba cuál era la verdadera música de esta parte del planeta, esa de la que son depositarios los gitanos, el flamenco, a partir del cual todo se puede hacer y ser diferente, único, con raíces de verdad.

Entre testimonio y testimonio, sus canciones, "Gitanitos y morenos", con unos Chichos excelentes más latinos; los Manolos, con la conmovedora "La curva del Morrot"; Aute con "Todo sexo femenino", ideal para él: impresionante, Sisa, "Quiero ser poeta, quiero ser cometa". Todos, en definitiva, a la altura de las canciones, tan llenas de sentimiento, de Gato Pérez. Y los músicos, gitanos y payos que les acompañan.

Y Moncho, el gitano que canta boleros con un estilo sin igual. Y que ha estado aquí, y cuya presencia debería figurar en el libro de oro de visitantes ilustres del festival, que ayer se abrió a lo verdaderamente español, a lo auténticamente popular, a la calle, dando lecciones de lo que es la emoción, y lo artístico. Que no sea como dijo Mariscal: "Se murió el Gato, y sólo quedan los perros": !Dale al ventilador, chacho!".

Benito Carracedo

  Fletxa   EL MUNDO
VAYAN, VEAN, DISFRUTEN

Realmente sensacional, "El gran gato" es un documental de Ventura Pons con las canciones y la vida del Gato Pérez.
Quizás el mejor resumen inicial sólo podría adoptar la forma de una entusiasta exhortación: vayan, vean, escuchen. Y disfruten esta feliz mezcla de documental, recital y biografía en torno de Javier Patricio Pérez Álvarez (1950-1990), un porteño que se radicó en Barcelona en 1964 con su familia. Y que con los años adquiriría notoriedad como Gato Pérez, un apodo que le debió tanto a su rostro como a la existencia independiente y bohemia que supo llevar.

Creía que los puntales de la vida eran la atalaya (la forma de mirar y entender), los libros y la calle. Y entre muchas canciones inolvidables compuso una, Quisiera ser poeta, quisiera ser cometa. Cosas que fue en la realidad, rimando versos entradores y sentidos, y extinguiendo su brillo demasiado velozmente.
Ecléctico, el guionista y director Ventura Pons apela a diversos recursos para contar su historia, por ejemplo los testimonios de su madre, las hijas, la primera y segunda mujer (oficiales). Y tantos amigos, compañeros muchos de ellos en la movida durante el franquismo con la rumba como ritmo melódico esencial, apropiado para una ciudad cosmopolita. Y que reflejó en la rumba catalana a Cuba, la habanera, a los gitanos. Y por parte del Gato los ecos del tango y la milonga tanto como de la guaracha y el bolero.
Escuchar aquellas creaciones de Gato Pérez es como descubrir un eslabón perdido, la explicación para tantos cantautores que vinieron después y con mucha mejor acogida económica y mediática que él. Que fue un precursor y por ello debió luchar, a menudo infructuosamente y al final con enormes déficits económicos y carencias varias, con las exigencias de discográficas adocenadas y burocráticas.

El hombre era, además de un sujeto encantador, un mar de contradicciones, tímido y conquistador, mujeriego y celoso, tan informal como para decirle a la esposa que volvía "en un rato" y regresar una semana después.
Los gitanos lo quisieron entrañablemente, a punto tal que uno de ellos dirá que "no creo que fuese un payo (uno que no es de la raza), pa mí que era gitano".

Dicen que si dos catalanes están de acuerdo discuten simplemente para no demostrarlo. Esa característica ofrece varios momentos de delicioso humor con dos amigos que, acodados en un estaño, compiten con anécdotas y situaciones, algunas de ellas irrepetibles.
Y claro, están las canciones, quince de ellas, a cargo de Martirio o Luis Eduardo Aute y otros menos notorios (al menos por estos pagos) como Tonino Carotone, Los Chichos, Kiko Veneno, Moncho o Lucrecia. Y títulos como el más conocido del Gato, Se fuerza la máquina, la inicial Gitanitos y morenos, la extraordinaria Ebrios de soledad y, en fin, todas y cada una. Aderezadas con el retumbar de cajas y tambores, el rasgueo de guitarras, las inevitables palmas, las voces más puras o aquellas increíbles y cascadas del flamenco...
Esta es una fiesta que usted no debería omitir. Vaya. Y a gozar, a emocionarse con tanta alegría de vivir.
No tema mover el esqueleto.

Aníbal M. Vinelli

 

  Fletxa   CLARÍN

  quadrats negres