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Filmografia
Ventura Pons
AMOR IDIOTA   Línia negre
Amar

¿Es idiota el amor? ¿Escapa a toda comprensión posible? ¿Actúa a voluntad sin tener en cuenta circunstancias, valores, miedos, estatus y personas? ¿Hace lo que le da la gana? La evidente respuesta afirmativa a todas estas preguntas constituye el núcleo de la última película de Ventura Pons. El director de "Actrius" emprende con "Amor idiota" su propuesta más radical y obtiene su film más heterodoxo, pero también el más sensible, el más romántico.

Después de la comedia pura –"Què t'hi jugues Mari Pili?", "Rosita Please"-, la pulcra adaptación teatral –"Actrius", "Amic/amat"-, el melodrama –"Menja d'amor"- y el documental –"Ocaña, retrat intermitent", "El gran Gato"-, Pons se sumerge ahora en la tragicomedia. Adapta por segunda vez un texto de Lluís-Anton Baulenas, (…) y lo hace desde la radicalidad estilística, con una cámara nerviosa e inestable que casi nunca descansa. La operación le sale bien, pues lejos de resultar una opción caprichosa, le permite obtener una textura dramática óptima para enmarcar a sus dos personajes.

Los de Santi Millán y Cayetana Guillén Cuervo son posiblemente los personajes más humanos de su filmografía y el director nos los sirve sin concesiones, pero con ternura y sensibilidad. Su humanidad reside como nunca en su imperfección y el gran hallazgo de Pons es hacer que el espectador los perciba indefensos y sin capacidad de reacción, sometidos al fatalismo de sus sentimientos. En este sentido, y más allá de la más que evidente carga sexual del film, nos encontramos ante una historia de amor preciosa, narrada desde la intensidad emotiva y desde la comprensión de un hombre y una mujer que no habían previsto enamorarse. Hay en la película aspectos menos acertados como los personajes secundarios, ciertamente intrascendentes, que si bien explican la situación de caos donde habita el protagonista son irrisorios en comparación con la fuerza torrencial de la pareja central. Y es que esta historia no precisa nada más para resultar próxima y verosímil –ni siquiera una voz en off que no molesta pero que tampoco es imprescindible-. Santi Millán se enfrenta a un personaje complicadísimo y consigue inyectarle carácter, aunque el gran hallazgo del film es, sin duda, la protagonista. Cayetana Guillén Cuervo parece incendiada por un rayo de sol e ilumina el film con su criminal sensualidad. Uno entiende que alguien pueda volverse loco por ella: es el personaje más sexy que hemos visto en una pantalla en años. Esta pareja contribuye a que el mensaje del film resulte clarividente: la idiotez del amor sólo puede combatirse desde el coraje. Renunciar a ello por cobardía, o por egoísmo, es absurdo. Esto es lo que nos dice Ventura Pons, un director que sabe explicar historias y sabe retratar personajes habitados por el fatalismo más cruel, que arroja a las personas a sentirse idiotas, a pensar y a repensar una y otra vez sobre la única verdad.

Toni Vall
  Fletxa   AVUI
Chico persigue chica

Básicamente podría decirse que la nueva película de Ventura Pons es el relato subjetivo de cómo un tipo que tiene un pobre concepto de sí mismo alcanza la felicidad, un equilibrio transitorio, algún sentido a la vida, un lugar en el mundo o como quiera llamarse.

A eso puede reducirse la entretenida, y a ratos algo más, "Amor idiota", atendiendo a una estructura narrativa conducida por la confesión en primera persona del protagonista, un hombre al final de la juventud que se enamora a primera vista de una desconocida a la que persigue hasta más allá de lo razonable.

Inspirada de nuevo en una novela de Lluis-Anton Baulenas, autor también de la que originó "Anita no pierde el tren", se mueve con desenvoltura entre varios registros, rozando siempre la comedia, incluso absurda, pero cercana a la tentación del melodrama desgarrado y romántico, con una apariencia realista reforzada por la calculada inestabilidad de una cámara curiosa, como de reportaje, que invade a prudente distancia los merodeos y la intimidad de los personajes.

Los personajes de Pons, en especial el que interpreta Santi Millán, que sale airoso del reto de poner un pie en la comicidad y el otro en aguas pantanosas de mayor gravedad, son muy dados a la definición y a la sentencia existencial, a acuñar frases brillantes, y las dicen, sobre todo en "off", con un aire de naturalidad que recuerda inevitablemente a las películas de Woody Allen, del que tan cerca, salvando las distancias, suele situarse Ventura Pons, ejerciendo una agradecible libertad con el paracaídas de un oficio que le permite amortiguar imprevistos y caídas.

La peripecia argumental se concentra en esa obsesión irracional del protagonista y todas las demás historias tan sólo forman parte del fondo, de un paisaje vital mayoritariamente anodino en el que hay soledad, rutina, pasiones vulgares y el recuerdo nostálgico de una amistad especial como único contrapunto verdaderamente trágico. Como la vida misma, pero más entretenida.

Alberto Bermejo
  Fletxa   EL MUNDO
Una insólita pareja

(…) ¿Cuál es aquí el "clic"? Varios. Uno, para empezar, tiene que ver con la determinación casi suicida, demencial, de Santi Millán por ser aceptado por su objeto de amor, la al comienzo lejana, inaccesible, Cayetana Guillén Cuervo: en la manera como el director muestra esta determinación hay mucho de cariño, mucho de irónica solidaridad con su criatura, a la que trata sin paternalismos de ningún tipo. Otro, que en su afán por contar la historia de la insólita pareja, Pons va dejando de lado otras historias mucho más convencionales, o si se prefiere, menos atractivas (…), para centrarse casi en exclusiva en la disparatada, bien que entrañable, relación entre sus protagonistas.

Y otro, en fin, tiene que ver con lo que hace grande a cualquier comedia de enredos amorosos: la excelente química que, más allá de cualquier contingencia del guión, se establece entre la pareja protagonista, un Santi Millán que demuestra sobradamente el porqué de la aceptación popular a su creciente papel como actor plurimediático, y una Cayetana Guillén que, a estas alturas, nadie descubrirá como una actriz impecable, pero a la que hay que agradecer que no desmaye en sus desvelos por hacer cálidamente auténtica cada una de sus comparecencias en una película.

Mirito Torreiro
  Fletxa   EL PAÍS
Ventura nada idiota

Tal vez cabría convenir –como decía Torrente Ballester- que "la peor soledad que hay es el darse cuenta de que la gente es idiota". Pero ocurre que el protagonista de esta película ya se autodefine, de entrada, como un idiota. Un ser errático al que Santi Millán, vulnerando una vez más su fama de gracioso televisivo, otorga notoria credibilidad. Tras su documental "El Gran Gato", Ventura Pons retorna a lo que siempre le fue más propio: un tipo de comedia muy personal, que el tiempo, la necedad imperante y la soledad globalizada convierten en amarga y sarcástica. Pero la producción de una película –y Pons produce sus propias películas- exige compromisos que, en "Amor idiota", se traducen en un tramo inicial desconcertante –la chocarrera fiesta de cumpleaños-, ciertas concesiones como los famosos (devinieron pasión en las ruedas de prensa) dieciocho coitos, colección de videoclips donde el espectador tal vez escoja el suyo. Pero este filme –libre, perverso y más profundo de lo que parece- no hace sino transformar en imágenes actuales aquella aseveración de Séneca: "Es preciso que vivas para otro si quieres vivir para ti". Tal es el drama del protagonista, cada vez más ajeno a todo excepto al "amour fou" que siente hacia una mujer (Cayetana Guillén Cuervo). Es ahí donde Ventura Pons evidencia su talento narrativo.

Lluís Bonet Mojica
  Fletxa   LA VANGUARDIA
Amor idiota

(…) Y, como inoculado por el virus del Dogma, el director parece estar dando patadas a la cámara, animando al operador a que arriesgue en sus encuadres y haga violentos barridos por las escenas, intentando ponerse a la altura del desgarro, la fragilidad y el desasosiego de sus dos protagonistas: una magnífica Cayetana Guillén Cuervo y un Santi Millán que (…) muestra madera melodramática, trágicómica, incluso comicotrágica. "Amor idiota" (…) es divertida y patética, tiene compasión por sus personajes pero sin pasarse y les ofrece diálogos espléndidos para expresar la mayor soledad, el más grande cacao mental.

Pere Vall
  Fletxa   FOTOGRAMAS
Amor idiota

Redonda e inteligente. Pons ha conseguido una película muy poco idiota en la que, curiosamente, el amor que empieza obsesivo acaba siendo controlado. Un trabajo cien por cien Ventura Pons: la cámara recorre inquieta la ciudad y se mete en todos los rincones urbanos habitables. No faltan vertiginosos viajes en moto, sexo sin medida, preguntas existenciales.

Pere-Lluc Solans es un tipo de 35 que sabe que es un idiota y que no dejará de serlo. Está desorientado, la última relación larga que tuvo duró ocho meses. Una noche sale de copas, solo, para consolar la muerte de su amigo lejano. De vuelta a casa se encuentra a Sandra, subida en una escalera, colgando carteles en la madrugada. Se enamora rollo flechazo. Y se decide a espiarla. A partir de ahí, despega el ansioso viaje de Pere-Lluc con el objeto de desatar los lazos del amor. ¡Qué buena!

E. Lahoz
  Fletxa   METRO DIRECTO (MADRID)
La contemporánea idiotez

El plano final es puro Chaplin. Es entonces cuando nos damos cuenta de que Santi Millán y Cayetana Guillén Cuervo (ambos impecables) son la versión siglo XXI de Charlot y Paulette Goddard, dos vagabundos de sí mismos, dos criaturas solitarias que luchan por sobrevivir en la jungla deshumanizada de nuestros días y nuestras insoportables rutinas (ese gintonic que se toma Cayetana cada madrugada mientras espera a su marido, por ejemplo). ¿Dos idiotas? Sí, porque Baulenas en su novela y Pons en su película asocian idiotez con normalidad. Si Millán se siente idiota (y Cayetana lo es sin manifestarlo) es porque ve que no vale ni un pito ni nunca lo ha valido, que es un cualquiera, un ser tan insignificante como su padrino o los amigos que le rodean.

"Amor idiota" tiene mucha miga en ese sentido, en el de escáner de nuestras miserias cotidianas. Y es, desde esa óptica, una comedia triste, agridulce. Probablemente le sobren algunos diálogos pasados de trascendencia, que no oímos en las barras de bar: aunque a Millán le digan en un momento que está hecho un filósofo, sus reflexiones profundas (o las de Marc Cartes sobre el escepticismo) chirrían en no pocos momentos. Y probablemente también sobren la mitad de los monólogos en "off" del protagonista, que a veces no hacen otra cosa que redundar en lo que vemos. En contrapartida, Pons rueda en esta película con un estilo nervioso, suelto, casi de mandamiento Dogma, que le va muy bien a la historia (véase la charla entre Millán y Cartes en el restaurante: está filmada con la fluida inmediatez conversacional de un Woody Allen). Esa libertad de estilo encaja de maravilla en los tramos más brillantes de "Amor idiota", como el carrusel de coitos servidos como ráfagas de metralleta, que dan buena nota de una pasión desmedida, o, sobre todo, las escenas de compulsivo fisgoneo de Millán (convertido, él mismo lo dice, en un "psicópata de manual") en el chalet de Cayetana. Ahí se nota la mano de un director atrevido y creativo, que a cada historia que aborda otorga el tono que le conviene: revisen "El vicari d’Olot", "La rossa del bar" o "Carícies" y verán cómo el aserto tiene fundamento.

Jordi Batlle Caminal
  Fletxa   GUÍA DEL OCIO
¿El amor es la respuesta?

El amor, centro explosivo de la vida humana. Santi Millán está desesperado. Al iniciarse la cinta saca su pene para trincharlo como una butifarra (y aún quedan otros tres íntegros del actor: está inmenso). En su deriva existencial choca con Cayetana Guillén Cuervo, una mujer dichosamente casada que nada tiene de princesa pero a la que él se aferra como psicópata de manual y así poder asumir la vida. Como pasa con Dostoievski, los personajes están locos (exasperados, frustrados, horriblemente infelices). Incluso el soliloquio lo pone la narración en off de Millán, en catalán. La imagen final se cierra como una película de Charlot pero no, aquí no hay nada de sentimentalismos exacerbados (¿el sufrimiento exaltado es mejor que la felicidad barata?).
Ventura Pons (homenajeado en la última MostraLambda) es quien dirigió, guionizó y produjo esta tragicomedia. Como le ansiaba André Breton a su hija, "te deseo que seas locamente amada. ¡Y vete al cine ya!".

Leandro Palencia
  Fletxa   ZERO
  quadrats negres