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La rossa del bar (1986)
(La rubia del bar)
En un bar de los barrios bajos, donde ha ido a tomar una copa, Mario observa sorprendido como una fascinante rubia echa un fajo de billetes de mil a la cara de un chulo y como, a continuación, la rubia se va rápidamente del bar.
El proxeneta empieza a hablar con Mario, lo invita a tomar otra copa, le dice que se llama Ortega y que vive con la rubia. También le cuenta que la chica trabaja para él, pero que lo que realmente le atraen son los moros y que, si está con la rubia, sólo es por dinero.
Mario hará lo imposible para conocerla y así vivirá con ella una historia de amor corta, pero fantásticamente apasionante, que de verdad valdrá la pena. La película cuenta todos los detalles.
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FESTIVALES
Festivales: Troia (Portugal); Cartagena de Indias, Bogotá y Medellín (Colombia); Bordeaux, Nantes, Dijon, Lyon, Toulouse y Annecy (Francia); Milano (Italia); AC/Los Angeles y LC/New York (USA); London (UK); Belgrado (Serbia); Caracas (Venezuela); Tel-Aviv, Haifa y Jerusalem (Israel); Varsovia (Polonia); Buenos Aires (Argentina); Montevideo (Uruguay); Huelva y Málaga (España)…
Premios: Premio a la Mejor Película de Habla Hispana del Festival del Film de Autor de Málaga. Premio de Especial Calidad del Ministerio de Cultura. Premios Generalitat a Núria Hosta (Mejor Actriz) y Tomás Pladevall (Mejor Técnico) |
FICHA TÉCNICA
DIRECCIÓN Y PRODUCCIÓN
VENTURA PONS
GUIÓN
RAÚL NÚÑEZ i VENTURA PONS
JEFE DE PRODUCCIÓN
JOSEP GUERRERO
MÚSICA
GATO PÉREZ
FOTOGRAFÍA
TOMÀS PLADEVALL
MONTAJE
AMAT CARRERAS
ART DIRECTOR
ISABEL TORRAS
SONIDO
LICIO MARCOS DE OLIVEIRA
Una producción de Els Films de la Rambla, S.A. y Lauren Films P.A. S.A. |
DOSSIER DE PRENSA
LA ROSSA DEL BAR
Hay varias cosas altamente agradables en esta película. Una es que tiene sentido cinematográfico, está concebida y narrada cinematográficamente. No deja de ser este un elogio un poco shocking en cuanto eso es lo mínimo que se debería pedir a una película, pero resulta necesario en estos tiempos en que casi todas las películas se limitan a fotografiar diálogos. En "La rubia del bar", la cámara no sólo sigue la acción de una manera elegante y fluida, sino que la modula calculadamente, como los largos travellings que acompañan a los protagonistas para -clásicamente- exaltar el vértigo de la pasión amorosa y celebrar el escenario en que se mueve Barcelona. Antes que nada, la película quiere ser un himno a una Barcelona popular, desgarrada y viva, como sugiere la escena en que el escritor y su rubia contemplan la ciudad desde Montjuich, análoga a una escena de "Manhattan" y que, no por azar, viene tras pasar delante de un cine que anuncia "La rosa púrpura del El Cairo". La grúa final que se eleva sobre la Plaza Real -un plano clásico de conclusión que ya nadie se molesta hoy en rodar- es significativa como gesto de respeto a toda una tradición visual del cine.
Otra cosa agradable de esta película es que su decidida voluntad de estilo no se confunde con una sobrecarga de pretensiones, una plaga corriente entre nuestras actuales producciones subvencionadas. Se trata de contar una historia urbana de marginales, claramente dirigida a un público popular, que podría ser una versión "Pigmalión" adaptada por Bukowski. Aunque también cabe ver ecos de "Desayuno no diamantes", en lo que tiene de apólogo sobre la influencia de las chicas fáciles en las vocaciones literarias, y de "Irma la dulce": tres títulos claramente indicativos de toda una tradición de comedia romántica, aunque no hay aquí happy end.
De forma muy estilizada, con personajes duros -en apariencia- y una historia algo agria se nos propone una película tierna, tiernísima. Otra cosa agradable, en fin, es la interpretación, muy medida -para algo tiene el director una experiencia teatral que muy pocos cineastas españoles tienen- donde los protagonistas son perfectos dobles de sus personajes, empezando por la debutante Núrias Hosta, una revelación.
José Luís Guarner
Fotogramas
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